El eterno funeral del central Río Cauto

Los restos del central dispersados alrededor de la vieja chmenea (foto de Robeto Rodríguez)
GRANMA, Cuba.- En el corazón del poblado, custodiados por la vieja chimenea, están los restos del central azucarero que otrora le diera nombre al municipio Río Cauto. Incluso en el escudo que identifica al territorio, la imagen del antiguo central se destaca sobre un fondo verde claro que representa las grandes plantaciones de caña de azúcar, una de sus principales fuentes de empleo y renglón productivo.
Entre 1910 y 1913, la compañía Cuban Sugar hizo estudios de esta zona e inició la construcción del ingenio azucarero y el batey aledaño.  Ubicado en el Alto de la Gloria, fue bautizado con el nombre de “Río Cauto”. Más tarde la influencia del central creció, por ser la fuente económica principal de todo el territorio. Su primera zafra comenzó el 14 de febrero de 1914 y duró de 90 días.
Tras el desmantelamiento del central azucarero a comienzos de siglo por los bajos precios del azúcar en el mercado mundial, insuficiente mantenimiento, maquinaria obsoleta, escasez de repuestos y recursos económicos, entre otros factores; la vida cambió radicalmente para casi todos los trabajadores de la industria cañera y los residentes locales.
“El abandono ha destruido la vida de muchos riocautenses. La gente que vivía del central perdió su empleo de la noche a la mañana, muy pocos salieron reubicados y el resto ha tenido que vérselas negras”, cuenta José Antonio Álvarez, ex trabajador del central. “Si no servía para moler, al menos se podían conservar los talleres y darle otra utilidad a algunas instalaciones; pero no: acabaron con todo, como de costumbre”.
El mecánico industrial Carlos Marichal Benítez se remonta al pasado: “Yo estudié en el politécnico cercano y las prácticas laborales las hacíamos en el central, que tenía los mejores talleres de maquinado del municipio, y obreros experimentados nos adiestraron como profesionales en el manejo de varias maquinarias. Ahora a los aprendices los ubican en cualquier tallercito y se gradúan con mucha teoría, pero sin conocimientos prácticos de la maquinaria”.
Varios pobladores entrevistados al respecto, coinciden en que han sufrido una merma en el transporte y carencia de productos y alimentos. Carlos Marrero, residente local, alega: “Después que desbarataron el central, las opciones de empleo se redujeron a cuentapropistas o usufructuarios (de tierras), pero con la cantidad de impuestos y tantas trabas para la obtención de tierras, a cualquiera se le quitan las ganas de pedirlas (…) quedan pocos de los que optaron por ellas, los que no desistieron, se fueron a la quiebra”.
Los indicadores productivos de la zafra son devastadores, la provincia arrastra varios años de incumplimientos en la producción de azúcar, y la agricultura cerró el 2015 con un déficit de 40 millones de pesos por incumplimiento en los planes productivos, generando deudas y una cadena de impagos, según informó recientemente el semanario provincial “La Demajagua” .
Desde un trillo que atraviesa sus antiguos terrenos, se puede ver  la verdadera magnitud del desastre provocado por la destrucción de los centrales en la década pasada. Rodeando la chimenea, perdidos entre montones de escombros y semicubiertos de maleza, se halla todo un reguero de hierros, vigas, motores y pedazos de maquinarias expuestos a la intemperie y al olvido.
Ninguna empresa estatal aprovecha todo este material que se oxida por días. Sin embargo, existe la prohibición a los particulares de reutilizar piezas, materiales o partes aprovechables de las naves que ocupaban las maquinarias.
“Todo eso que tú ves se va a echar a perder bajo el sol y la lluvia, porque ni lo recogen ni dejan que nadie lo aproveche, con la falta que hacen. El lema del gobierno es ‘ni pa mí, ni pa nadie’, y cuidaito con llevarte algo de eso, que te echan una pila de años en Las Mangas (prisión provincial)”, dijo un anciano que se detuvo, entre curioso  y extrañado, al ver a este reportero tomar fotografías del lugar, señalando los restos de maquinaria y materiales reutilizables regados por todo el terreno que ocupaba el central.
En las cercanas vías férreas que daban acceso, también se corroen algunos vagones abandonados, tanques y grúas, que junto a los restos metálicos del central. Es una imagen se repite a todo lo largo del país, donde se pueden encontrar decenas de centrales desmantelados, dando una visión de abandono y desolación.







Naves desmanteladas (foto de Roberto Rodríguez)





Vagón de ferrocarril, abandonado y oxidado (foto de Roberto Rodríguez)





Restos del central en un patio (foto de Roberto Rodríguez)





Estas tres chimeneas son del central Perú, otra víctima de la caída de la industria azucarera (foto de Roberto Rodríguez)












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