Burt Glinn, el fotógrafo que entró en La Habana con los 'barbudos'

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ El reportero estaba en una fiesta de fin de año en 1958 en Nueva York cuando alguien le sopló que el dictador Batista estaba a punto de abandonar Cuba. Con la misma ropa y 400 dólares prestados, Glinn tomó el primer vuelo a La Habana y fue el único en captar los momentos del triunfo de la revolución castrista. Las fotos llenas de tensión y viveza de aquellos días, junto con muchas que han permanecido inéditas durante 60 años, aparecen ahora en un libro. El 31 de diciembre de 1958, el fotógrafo Burt Glinn , ya por entonces un conocido reportero de la agencia Magnum, estaba disfrutando de los cócteles y la alegría previos al fin de año en una fiesta en Manhattan. Asistían periodistas, reporteros, políticos, intelectuales. En suma, gente bien informada. A eso de las diez de la noche, alguien dijo a Glinn que era inminente la fuga de Cuba del dictador militar Fulgencio Batista — "está llenando camiones con el tesoro nacional" , le aseguraron—. De ser cierto, significaba el triunfo de la revolución de los barbudos , como eran conocidos entonces los guerrilleros comandados por Fidel Castro . Glinn, que tenía 33 años y lo dejaba todo por una buena historia, apuró la última copa, pidió 400 dólares prestados al presidente de Magnum, subió a un taxi, pasó por casa para reunir equipo fotográfico y película y se fue al aeropuerto de La Guardia. Embarcó en el primer vuelo hacia Miami y allí enlazó con otro a La Habana. Es posible, aunque nadie lo ha determinado, que su avión haya cruzado rutas con el de Batista, que acababa de escapar del país llevándose cien millones  de dólares de dinero público. 'No podía pedir a un taxi que me llevara a la revolución' Cuando llegó a la Habana, justo en el amanecer del 1 de enero de 1959 —fecha que pasaría a los libros de historia como el inicio de la revolución castrista—, el reportero no tenía ni idea de qué dirección tomar. " Fidel todavía estaba a cientos de millas de distancia , nadie sabía dónde, el Che Guevara se dirigía a La Habana pero nadie parecía estar al mando de la situación. No podía meterme en otro taxi y pedirle que me llevara a la revolución", comentó el jocoso Glinn muchos años después. Durante los diez días siguientes Glinn hizo fotos de las patrullas populares que se hacían cargo de la capital; retrató a revolucionarios en pijama;  a una orgullosa miliciana de pies descalzos que, con un rifle antiguo pero que está dispuesta a usar como se deduce del gesto decidido, hace guardia ante el edificio del Congreso para evitar el pillaje; de refriegas a balazos entre miembros de la temible policía política del dictador derrocado y partidarios del régimen naciente... Castro saludando a monjas Logró llegar a Santa Clara y encontró a Castro, al que mostró saludando a monjas , alzando en brazos a niños , pronunciando uno de los primeros maratonianos discursos a los que se aficionó... Volvió a la capital con la columna armada del líder revolucionario, mostró el fervor y la ilusión de los habaneros , el ligoteo entre un guerrillero y una bella mujer morena ... Finalmente, se dejó retratar él mismo, cargado de cámaras y con un barbudo que se parte de risa apuntando la sien del fotógrafo con un rifle . Que Glinn fue el primer reportero extranjero en llegar a Cuba era cosa sabida y reconocida, pero el libro recién editado Cuba 1959 [publicado por Reel Art Press , 176 páginas y un PVP de 40 libras esterlinas] muestra muchos descartes e imágenes inéditas que nunca habían salido a la luz , empezando por la foto de portada: un solitario Castro en una toma a color presidiendo la mesa vacía del consejo de ministros y fumando un habano. 'Pude acercarme tanto como quise' El volumen, que aparece póstumamente — Glinn murió en 2008 , a los 82 años, por las complicaciones de una neumonía—, muestra el fervor con que se tomó el reportero la captura de la acción y la alegría que campaban en el país. Nadie le puso problemas. "Pude acercarme tanto como quise a lo que estaba sucediendo, creo que vieron que la emoción del trabajo me contagiaba ", explicó más tarde. Es la primera vez que un fotoensayo, que también incluye hojas de contacto , tiene acceso sin restricciones al archivo de Glinn. Hay fotos de todos los líderes revolucionarios: Camilo Cienfuegos, el Che Guevara, Celia Sánchez , la ayudante de Fidel... El reportero estadounidense viajó con el líder durante nueve días, atravesando pueblos donde las multitudes abrazaban a los revolucionarios y los obligaban a detenerse. "Aquello no fue un reportaje, fue una verdadera revolución y una de las mayores aventuras de mi vida. Las escenas me recordaban a las que conocía de la liberación de París", comentó Glinn. "No dormimos ni comimos regularmente ni nos bañamos en el viaje de nueve días hasta La Habana... Pero fueron grandes días. Aprendí entonces que un buen cigarro puede ayudar a sostenerte", añadió el reportero, que sin embargo estaría dispuesto a renunciar a sus fotos cubanas "si pudiéramos hacerlo todo de nuevo, pero algo mejor esta vez" . Khrushchev, Warhol, Sedgwick... Con una carrera de más de cincuenta años, Glinn firmó algunas fotos históricas. Poco antes de ir a Cuba había retratado la calva del primer ministro ruso Nikita Khrushchev frente al Monumento a Lincoln en Washington . Unos años más tarde, en 1965, fue el autor de la icónica foto de Andy Warhol emergiendo de una alcantarilla mientras en el pavimento posa la musa Edie Sedgwick . Nunca se jactó de éxitos y premios: siempre prefería atribuir las buenas fotos a la "experiencia" .


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