La última


Felicidades gente buena.
Ya estamos en pleno 2016 y después de que en España comieran uvas, Brasil e Italia  consumieran lentejas (signo de riqueza), que los japoneses colgaran una cuerda en sus puertas para atraer suerte. En Dinamarca, tiraran platos viejos a las puertas de amigos (cuantos más platos rotos, habrá más personas alrededor suyo y mucha suerte en el año que comienza), aunque tengan que comprar losa nueva.
Los uruguayos lanzaron por la ventana calendarios del año consumado, dejando atrás todo lo malo. En Alemania quemaron castillos de madera para ahuyentar malos espíritus. Por su parte en Rusia, niños bailaron alrededor del árbol navideño y recitaron poemas al Abuelo del Hielo (una especie de Papá Noel autóctono). En Paris, destaparon botellas de champagne por los Campos Elíseos y Escocia rodaron barriles por las calles envueltos en llamas, permitiendo la entrada del año.
¿Y qué quedó para nosotros?, bueno: como las uvas estaban caras, al igual que el champagne y ni hubo mujer que tirara un plato…, entonces decidimos echar agua para la calle.
Claro, había que hacer algo, pero teníamos que alejar lo malo de este característico año bisiesto, es decir, aunque habrá un día de más (febrero tendrá 29 días y el año completo 366) para corregir el desfase que existe con la duración real del año, que es de 365 días, cinco horas, 48 minutos y 45,25 segundos; según Nostradamus y otros aburridos, el 2016 viene cortejado de predicciones catastróficas y acontecimientos extraordinarios. Habrá una gran guerra que durará 27 años y viviremos una nueva crisis económica. Me disculpa el profeta, pero al parecer no se entera que el mundo no ha dejado de estar en guerra y la crisis, bueno, ya ustedes saben.
Así que no pierda tiempo en habladurías, tenga para este año el común denominador de desear el bien para todos y motivar la paz y armonía familiar, indispensable en toda sociedad. Por supuesto, siempre entre curiosidades y hechos sorprendentes, para no perder la costumbre.
Walter Díaz Moreno Moreno


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