Una eficaz Andrea Chénier abre la temporada de La Scala

La noche de San Ambrosio tiene la extraña virtud de convocar al poder y al terror en el mismo escenario. La apertura de temporada operística más reseñada del mundo recuerda al país su gloria fundacional y la excelencia lombarda, pero también la eterna brecha entre las múltiples Italias. Aquí los sindicatos atizaron a los gestores durante años y amenazaron con enterrar la famosa prima —ayer levantaron pancartas a ritmo de AC/DC y del Bella Ciao desde la plaza—. Mario Capanna lanzó huevos en el 68 italiano contra la arrogancia burguesa e, incluso dentro del teatro, el público del gallinero, el más integrista, tiene la capacidad de aterrar a un cantante y al gestor que lo contrató. Ayer, la noche estaba blindada —en la calle y en el reparto— y la única guillotina fue la de la última escena de Andrea Chénier, la gran ópera de Umberto Giordano donde el poder, el amor y el terror constituyen como, el propio 7 de diciembre milanés, un perfecto relato en cuatro cuadros. El público lo celebró a lo grande. Seguir leyendo .


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