El celuloide recrea la vida del Comandante Pinares

El rostro del hombre que integrara la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia, se torna familiar cuando el celuloide acerca al espectador a algunas de  las etapas de su vida. Antonio Sánchez Díaz emerge como el joven bonachón y valiente, cuyo arrojo lo llevó hasta la Sierra Maestra para, en medio del monte,  encontrar a Fidel Castro y unirse a las tropas libertarias.
Unos 30 años tenía Antonio cuando decidió desandar los caminos de los rebeldes. Fracasa en el intento y retorna a Pinar del Río, la tierra que lo acunara el siete de diciembre de 1927.
La venta de sus instrumentos de albañil profesional, le permiten llegar nuevamente a las elevaciones santiagueras y conocer al líder el movimiento 26 de Julio.
Pasa a ser parte de las filas del ejército de rebeldes y demuestra con hechos su valía de cubano.
En los escenarios de combate, Antonio adquiere el apelativo de Pinares en alusión  a su tierra natal, según aseguran.
El heroísmo y la buena puntería lo caracterizan y de soldado, el propio Fidel lo asciende a capitán tras la caída en combate de su jefe inmediato.
Cercano a Camilo Cienfuegos y a Ernesto Ché Guevara, Pinares  enriqueció la historia patria.
Luego del triunfo revolucionario, el primero de enero de 1959, fue ascendido a comandante y desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias asume diversas responsabilidades.
Integra el primer Comité central del Partido comunista de Cuba hecho que, indican sus familiares, lo llenó de orgullo y forma parte de la guerrilla internacionalista que acompaña al Ché a Bolivia.
Allí cae combatiendo el dos de junio de 1967 con el  nombre de Marcos, el intrépido, el valiente, el hombre leal que hoy nos llega a través del celuloide para recordar que muchos Pinares estremecerán por nuevas hazañas a favor de la justicia y la dignidad de los pueblos.


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