Orestes Pérez: Sencillo en la persona y en el verso

Nacido en Los Palos, Nueva Paz, en 1954, Orestes Perez Tagle es uno de los poetas improvisadores más destacados de su generación en nuestro país. Graduado de maestro primario en 1973, se audicionó como repentista profesional en 1988. Es profesor de los talleres de repentismo adscritos al Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado y le apasiona la investigación de este difícil arte. Ha sido premiado en los concursos nacionales de improvisadores Justo Vega , efectuados en Las Tunas y ha participado como jurado en diferentes festivales nacionales de repentismo.
Representó a Cuba en el Encuentro Iberoamericano de la Décima , realizado en Caracas, Venezuela, en 2006 y en el Encuentro de Decimistas y Versadores del Caribe, en México 2007. En este último año le fue otorgado el Premio Provincial de Cultura Comunitaria.
Pertenece al Catálogo de la Excelencia del Instituto de la Música y sus décimas han sido publicadas en varias antologías cubanas y extranjeras. Es miembro de la Uneac y en diciembre de 2013 recibió la distinción Viajera Peninsular por parte de la Casa Naborí , de Limonar, Matanzas.
Por su carisma y sencillez ha sido merecedor del más preciado de todos los reconocimientos: el respeto y la admiración del público; siendo precisamente la sencillez uno de los mayores presupuestos de sus composiciones: Por una razón humana/ el amor a un hijo es/semilla para después/en los surcos del mañana./ Por ese amor se desgrana/ la mazorca del cariño/ y nos borra el desaliño/ la soledad y el invierno/ porque no hay nada más tierno/ que la sonrisa de un niño.
Además del octosílabo cultiva con acierto el mal llamado arte mayor; veamos su soneto Siete días : Siete días me tienen condenado/ a un tiempo inmerecido de no verte,/ envidio a las personas con la suerte/ de estar todos los días a tu lado…/Siete días resultan demasiado/ para este juramento de quererte,/ más allá de la vida y de la muerte/ en un mundo jamás imaginado./ Qué triste este sufrir en siete días/ queriendo acariciar tus manos mías/ tan solo comparables con la seda./ No sé por qué me imponen el castigo/ de no tener derecho a estar contigo/todo el tiempo de vida que me queda.
Por Juan C. Guridi


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