Aquel 27 de noviembre de 1871

La calma es un lujo imposible frente al crimen, los muertos no nos conceden. Es inoportuno el silencio que calla la injusticia. Por eso a los 143 años de la tragedia, todavía nos duele el amargo destino de aquellos jóvenes estudiantes de medicina. El jueves 23 de noviembre los escolares esperaban en el anfiteatro anatómico la llegada del profesor. Vagaban por el Cementerio de Espada, colindante, por la actual calle de Aramburu, con el anfiteatro. Uno de ellos tomó una flor y los demás hicieron rodar el carruaje utilizado para trasladar los cadáveres. Estaban excavando su estrella.

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