Perseguidor de paisajes fugaces

Osmel anda con su talento a cuestas, silencioso, sin percatarse de lo que valen en términos cualitativos sus cuadros y esculturas, y la capacidad de asombrarse de la belleza de un paisaje como el del valle intramontano de La Soledad, a donde frecuentemente va a espera el amanecer para conjurar el poderío de los colores.

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