Venezuela: situación convulsa aunque prometedora

Henry Ramos Allup, presidente de la AN, y Nicolás Maduro
LA HABANA, Cuba.- Este miércoles 7, el diario oficialista cubano Granma publicó una información sobre el supuesto enfoque diferente que ha dado a su política el actual presidente venezolano. “Maduro presenta nueva agenda de trabajo y anuncia cambios en su gabinete”, proclama el titular. El bajante precisa que, según el jefe chavista, “uno de los objetivos de estas medidas será mantener y expandir todos los planes y grandes misiones sociales de la Revolución”.
El texto reconoce “la emergencia económica que atraviesa el país”. Como supuestas causas de ella, se citan “la guerra económica”, “la caída de los precios del petróleo” y “la guerra que tiene el imperialismo estadounidense contra la economía nacional”.
De esos argumentos, sólo el segundo es válido en parte. Es cierto que la depresión de las cotizaciones del crudo ha incidido en la vida económica de Venezuela. Pero aun esta verdad parcial debe ser matizada: esa caída de los precios es relativa, pues incluso ahora ellos son muy superiores a los que regían antes del arribo de Chávez al poder.
La “guerra” del “imperialismo estadounidense contra la economía nacional” es un insulto a la inteligencia ajena. Pese a las acusaciones similares formuladas en su momento por el ex teniente coronel golpista, Estados Unidos fue, durante años, el principal importador del petróleo venezolano. Si sus compras han mermado, ha sido por el notable aumento de la producción doméstica, gracias a la técnica del fracking .
Por su parte, la “guerra impulsada por la derecha” sólo existe en los cerebros enfermos de Maduro y sus paniaguados. Durante años, los chavistas, que proclaman a  gritos su anticapitalismo, han hostigado de mil modos a los empresarios privados. ¡Y tras hacerlo, se sienten atacados porque los inversores optan por limitar su actividad económica y darse un compás de espera! Esto —y no otra cosa— es lo que ocasiona el desabastecimiento, las interminables colas y la gran carestía que sufre día a día el pueblo venezolano. Mas para la mentirosa propaganda chavista, es más fácil atribuir todos esos males a una criminal conspiración de enemigos.
Al mismo tiempo, Maduro, como supuestos medios para sacar a Venezuela del hoyo en que la han metido él mismo y sus seguidores, escoge la hipertrofia burocrática (creación de nada menos que ¡“cinco nuevos ministerios”!) y la repetición de su discurso demagógico y hueco sobre “el gran proceso de rectificación y reconexión con las necesidades y la realidad verdadera ( sic ) de nuestro pueblo”.
Resulta evidente el estado de desmoralización que embarga a la cúpula madurista tras la contundente derrota electoral sufrida el 6 de diciembre. Para intentar evitar que la oposición controle los dos tercios de la Asamblea Nacional, ha utilizado a sus incondicionales del Tribunal Supremo, que se prestaron a decretar la suspensión de tres diputados opositores (y también de uno gobiernista) electos por el Estado Amazonas.
La burda treta ha encontrado una firme respuesta en la recién constituida Asamblea Nacional, que juramentó a los cuestionados. En su desesperación por ganar unas semanas, Maduro y compañía olvidan que, aun si la espuria impugnación sirve para anular los comicios en el mencionado territorio, la nueva votación podría conducir a que los electores, deslumbrados por el gran triunfo opositor de diciembre, protagonicen una versión corregida y aumentada del descalabro gobiernista.
En el ínterin, el Presidente moviliza a sus porristas para que hostiguen a los diputados de la MUD y los periodistas no oficiales a la entrada del palacio legislativo. Aunque enarbola el librito con la “Constitución bolivariana”, acaba de constituir un parlamento comunal, que viola abiertamente lo dispuesto en esa superley. También tiene el desparpajo de hablar sobre “el apoyo del pueblo venezolano a la Revolución”, como si los votantes del 6 de diciembre hubiesen venido de otro país.
De todo este convulso y prometedor panorama en la Patria de Bolívar, lo que más llama mi atención es la aparente incondicionalidad con que los chavistas apoyan hasta ahora los palos de ciego que da su actual jefe. Ejemplo de ello fueron sus diputados, que para abandonar en masa la sesión inaugural de la Asamblea Nacional, alegaron que algunos discursos de miembros de la MUD violaban el reglamento. Esto pese a que ese texto no prohíbe tal cosa, y se conoce el apotegma jurídico: no cabe distinguir allí donde la Ley no distingue.
De todos modos, creo que esto no durará mucho tiempo. Confío en que la formidable victoria comicial de la Oposición y la labor de la mayoría en la Asamblea Nacional, irán inclinando a muchos personeros del régimen —incluyendo gobernadores estaduales y más de un legislador— a desmarcarse del discurso loco y extremista en el que insisten Maduro y compañía.


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