Los precios que suben

Punto de venta particular en Lawton (foto de Gladys Linares)
LA HABANA, Cuba.- El pasado diciembre, como otros, la familia cubana celebró la Nochebuena. Reunirse para disfrutar del congrí, el puerco asado, la yuca con mojo y la ensalada es, más que una celebración religiosa, un motivo de reunión con nuestros seres queridos. Incluso muchas familias, si no tienen suficiente dinero para comprar carne de puerco, guardan la exigua ración de pollo de la libreta para ese día. Asimismo a los cubanos nos gusta preparar un menú especial para el 31 de diciembre, ya sea que lo pasemos en familia o con amigos.
Pero esta vez las celebraciones tuvieron otro tono. Cuando comenzó, semanas atrás, el vertiginoso encarecimiento de los alimentos, la gente deambulaba entre los quioscos de los cuentapropistas buscando sin resultado mejores precios, porque en el Mercado Agropecuario Estatal (MAE) de Dolores y 15, en la barriada habanera de Lawton, la poca mercancía que aparecía en las tarimas estaba casi podrida. A tal punto llegó el desabastecimiento estas últimas semanas, que el lugar estuvo cerrado los días 2 y 3 de enero. Esta situación se mantuvo el martes 5 y el miércoles 6, cuando la apertura del establecimiento fue prácticamente simbólica.
Le pregunté a un vendedor del agro a qué podía deberse esto, y me respondió: “No sé. Muchas veces nos dicen que no tienen transporte. Cuando hay mercancía buena es de los camiones particulares, pero hace días que no vienen. Hoy mismo, estamos esperando a ver si vienen”
Por su parte, año tras año los agricultores se quejan de la ineficiencia en la distribución de sus productos, no solo por el transporte sino también por la falta de envases (sacos y cajas), lo cual hace que muchas veces los alimentos se pierdan en el campo.
Pero mientras que los MAE estaban desabastecidos, los quioscos o Mercados de Oferta y Demanda (MOD) tenían –aunque a precios elevadísimos- yuca, tomate, lechuga y frijoles negros, todos comprados en El Trigal, el mercado mayorista a las afueras de la ciudad.
Agromercado cerrado por falta de mercancías (foto de Gladys Linares)
“El día 28 fui a comprar al Trigal”, me comentó una joven trabajadora de un MOD. “Allí los precios están muy altos. Por ejemplo, una caja de tomates cuesta 600 pesos. A todo esto se le suma que hay que pagar por entrar a donde están los camiones, al carretillero, al cuidador de la mercancía. Pero además, para transportar la mercancía hasta el quiosco hay que pagar también. ¿A cómo tengo a vender el tomate? A no menos de 25 pesos la libra”.
Contradictoriamente, El Trigal es el primer mercado mayorista de abasto de productos agropecuarios del país. Su objetivo, créanlo o no, es “eliminar trabas en la comercialización agrícola”.
La carne de puerco, por su parte, no queda fuera del problema. Aunque también se vende en los MAE a 25 pesos la libra, hace unos días le pregunté al carnicero del mismo agromercado de Dolores si tenía paletas o perniles y me respondió: “Hay, pero los tengo comprometidos”. Mientras, a los cuentapropistas no les faltan los perniles, a 45 pesos la libra.
“Compré bistec a 45 pesos, porque no dejaré de cenar el 24 ni el 31”, me dijo Raimundo, un vecino, y concluye con un gesto de preocupación: “pero me falta la ensalada”.
Por estos días los carretilleros fueron los chivos expiatorios de los altos precios: hubo operativos gubernamentales contra ellos. Los carretilleros en realidad no son mal vistos por la población, pues, aunque es cierto que venden caro, por unidad y no por libra, la suya es una venta de oferta y demanda. Pero lo más importante es que el carretillero en muchas ocasiones nos acerca los productos agrícolas al hogar, incluso mercancías que no se encuentran en los agromercados, o en horarios en que estos están cerrados. En la temporada de aguacates, por ejemplo, es agradable escuchar al carretillero que pasa todas las tardes con su pregón: “¡A 5 pesos el aguacate! ¡Aguacatico no, aguacatón!”.
A diferencia de los mercados estatales, completamente vacíos, los particulares tienen al menos un poco que ofrecer (foto de Gladys Linares)
Precisamente esta semana, mientras hacía la cola del pan de 7 pesos, un hombre comentó que el gobierno iba a poner límites a los precios de las viandas y los vegetales. Pero otro señor le ripostó: “Eso es mentira. Si ellos quisieran hacer eso, llenarían el agro y se acabó el problema de los precios”. Una joven agregó: “Yo no me voy a quedar sin comer en estos días. Robaré más en el trabajo”.
La realidad es que el encarecimiento de la comida y la falta de dinero preocupan bastante a la población. Todavía los cubanos recordamos cómo en 1994 el gobierno subió los precios para “reducir el exceso de moneda circulante”, lo cual ocasionó la situación de pobreza calamitosa en que se vive actualmente, y sobre todo la gran cantidad de ancianos jubilados con tan bajas pensiones.
Y lo que más indigna y preocupa a tantas personas es que el desabastecimiento ocurra precisamente en esta época del año, que es cuando más necesitada está la población, y que el encarecimiento de los pocos alimentos que aparecen coincida con el mes en que más deprimida se encuentra la economía doméstica. Precisamente hoy mismo, al pedirle su opinión al respecto, una señora me contestó: “El agro de Santa Catalina y Diez de Octubre cerrado a las 3 de la tarde, y en los quioscos no hay quien compre de lo caro que está todo. La verdad que esto es criminal”.

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