Necesariamente

Autor:  Redacción de JT 15 Mayo 2017 Dentro del “ADN” de nuestra na­cionalidad se ha incrustado un agudo olfato para detectar lo novedoso-útil, hecho beneficiado por el sistema instructivo-educativo y estrategias de bús­queda y desarrollo de talentos (todavía insuficien­tes), como sucede en el arte y el deporte. Sin embar­go, aún nos falta —y mucho— para llegar a ser la sociedad pro-ciencia que necesitamos.  El mundo se embriaga con una catarata de avan­ces tecnológicos y científicos que las sociedades apenas logran digerir. Es la acelerada revolución de las transformaciones técnicas, el aguacero de los in­ventos.
En Cuba se persigue, cual animal a su presa, cada adelanto científico tecnológico que le sea asequible. Está en los “genes” de la nación y ya es cultura. Des­de la influencia de la Ilustración en nuestros prime­ros pensadores, con su cumbre en Martí, hasta el actual desarrollo biotecnológico avizorado e impul­sado por Fidel. Sin desconocer que nuestro país fue pionero en la aplicación de algunos de los inventos más asombrosos del siglo pasado, cuando el teléfo­no y la televisión (incluso a color) eran un sueño para muchos países de las Américas y Eurasia.
O qué decir del ferrocarril, que en Latinoamérica prácticamente empezó por aquí; o de la luz eléctri­ca, que iluminó La Habana antes que algunas ciuda­des de los Estados Unidos. Y ni hablar de las innova­ciones e inventivas de supervivencia, a nivel estatal y particular, afianzadoras de la fama del cubano como inventor-emprendedor.
De manera que dentro del “ADN” de nuestra na­cionalidad se ha incrustado un agudo olfato para detectar lo novedoso-útil, hecho beneficiado por el sistema instructivo-educativo y estrategias de bús­queda y desarrollo de talentos (todavía insuficien­tes), como sucede en el arte y el deporte. Sin embar­go, aún nos falta —y mucho— para llegar a ser la sociedad pro-ciencia que necesitamos.
Por un lado, el empresariado cubano, en el im­prescindible mejoramiento de la competitividad socialista, tiene que abrirle amplias puertas a esa lluvia de jóvenes talentos, básicamente preparados. No solo como formalidad legislativa, sino también impulsados por mecanismos económico financieros que obliguen a sus directivos a una búsqueda con­tinua de cuanto avance tecnológico y científico le pueda reportar productividad, eficiencia, ganancia (individual y colectiva), prestigio… desarrollo.
Porque es obvio que algo no anda bien, que hay serios problemas en la articulación del sistema cien­tífico tecnológico del país, cuando desde los docu­mentos de política se insta una y otra vez a la asi­milación e introducción de resultados probados de la ciencia y la tecnología. Véase, si no, la cacareada exhortación a una mayor disciplina tecnológica, a la introducción de resultados premiados, ya sea en la esfera agrícola y pecuaria, o industrial. Es, sencillamente, una penosa contradicción que atrasa y frustra quién sabe cuántas cosas.
Salvedad valiosa para el sector biofarmacéutico que lidera, no sin escollos, el escenario científico en la Isla. No es casual que se esté convirtiendo en la broca que agujerea el bloqueo. Detrás de los éxitos de la biotecnología, hay más que talento: visión es­tratégica, un sistema de inversión, desarrollo, inno­vación y comercialización.
La estructura de la ciencia en el país sigue distante de ser un esquema viable. Necesitamos una cien­cia 2.0; una que se conecte a la economía con más efectividad, a la estatal, a la cooperativa y a la pri­vada también, donde cada científico, investigador, ingeniero, técnico especialista, doctor o licenciado tenga la posibilidad real de participar como el resto de los ciudadanos, que son, en definitiva, los bene­ficiaros del desarrollo.
¿Cómo encauzar con mayor puntería, por ejem­plo, el hervidero UCI, el talento acumulado en la Universidad Tecnológica (Cujae) y otras tantas ins­tituciones académico-científicas a lo largo y ancho del país, las propuestas que llegan desde el Diseño y las experiencias de socialización que se proponen desde las ciencias sociales?
Por qué no tomar en cuenta proyectos como Innova.cu, una propuesta de cooperativa de servi­cios profesionales de alto valor agregado que busca rescatar y reordenar capacidades humanas existen­tes (concretamente en ciencias básicas), como vía de frenar el éxodo de profesionales a otras ramas o al exterior por causas económicas.
En otras palabras, es imprescindible más horizon­talidad.
La aplicación de la ciencia y la tecnología, así como el estímulo a la innovación, son de los princi­pales pivotes de las grandes economías mundiales, una de las claves en la obtención de riquezas.
Cuba, portadora de tanto potencial humano, tie­ne que alentar y facilitar más la innovación y creati­vidad socialmente responsables, identificar alianzas externas, que coadyuven a sortear las limitaciones del bloqueo persistente.
En concreto: aprovechar sabiamente el espíri­tu emprendedor e innovador que predomina, que nuestros Zuckenberg salgan a la luz del reconoci­miento continuo, como los deportistas y artistas, para que la añeja frase popular de que el cubano las inventa en el aire aterrice en el próspero bien común. Cuestión de mente…necesaria.


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